8 de septiembre: Celebración del Día Internacional de la Alfabetización

*Aporte de la Mg .Marta Zamero

nota zamero


La UNESCO proclamó el 8 de septiembre Día Internacional de la Alfabetización en su reunión del 26 de octubre de 1966. Desde 1967, esta jornada se ha celebrado anualmente en todo el mundo para recordar la importancia de la alfabetización como una cuestión de dignidad y derechos humanos y para impulsar una agenda encaminada a lograr una sociedad más instruida y sostenible. A pesar de los logros alcanzados, los desafíos persisten, ya que hoy en día 773 millones de adultos en el mundo no poseen conocimientos básicos en lectura y escritura.

En 2019 la celebración estuvo centrada en «alfabetización y multilingüismo»; para visibilizar las lenguas en el marco del desarrollo de la educación y la alfabetización de modo que la inclusión respete la diversidad y las diferencias culturales en un mundo multilingüe. Las lenguas son instrumentos de comunicación, de acceso al aprendizaje a lo largo de toda la vida y de participación en la sociedad y en el mundo del trabajo, pero fundamentalmente sostienen identidades, culturas, visiones del mundo y sistemas de conocimiento singulares. Se calcula que en el mundo existen actualmente más de 7000 lenguas habladas de las que solo algunas han logrado incorporarse a los sistemas educativos, y apenas un puñado de ellas (el 5 % de las lenguas) se utilizan en el mundo digital. El 40 % de la población mundial carece de acceso a la educación en el idioma que habla o comprende.

Este año, el Día Internacional de la Alfabetización propone la enseñanza de la alfabetización y el aprendizaje durante la crisis COVID-19, subrayando el papel desempeñado por los docentes y la evolución de las pedagogías. El tema 2020 hace hincapié en el aprendizaje de la lectura y la escritura desde la perspectiva del aprendizaje a lo largo de toda la vida y se centrará fundamentalmente en los jóvenes y adultos. Según UNESCO, durante la fase inicial de la pandemia, se cerraron escuelas en más de 190 países, lo que interrumpió la educación del 91% de la población estudiantil mundial que representa 1 600 millones de personas en su pico. La pandemia de COVID-19 también afectó a unos 63 millones de docentes de la enseñanza primaria y secundaria. Si bien los gobiernos implementaron rápidamente soluciones de aprendizaje a distancia en una escala sin precedentes, la pandemia produjo un crudo recordatorio sobre la brecha ya existente entre quienes disponen de medios tecnológicos para sostener educación virtual, y quienes no. Pero fundamentalmente entre quienes disponen de competencias en lectura y escritura y en consecuencia, pueden acceder a los conocimientos en medios basados fundamentalmente en la lectura y escritura, desde la sola operación del teclado QWERTY y sus variaciones.

Al respecto, Ana Zanelli Pons[1] nos cuenta: «Alfabetizar a partir de entornos virtuales es una tarea que nos toma por sorpresa a la mayoría de los docentes. Algunos de nosotros teníamos algunas experiencias en el desempeño de las habilidades necesarias para ‘navegar’ en estos contextos pero eso no es suficiente para el trabajo que la situación de pandemia nos demanda. Muchos de nuestros estudiantes no cuentan con esos saberes o con los recursos necesarios para aprenderlos. Las metodologías que llevábamos adelante en la escuela se ven reinventadas en el trabajo mediatizado por dispositivos electrónicos. No es lo mismo alfabetizar frente a la presencia de los cuerpos, de las miradas, en permanente diálogo, recuperando emergentes que surgen de momentos comunes donde cada sujeto expresa su singularidad; que alfabetizar por WhatsApp. Pero aún frente a la presencia de múltiples obstáculos, podemos acompañar procesos de enseñanza y aprendizaje. Este trabajo no consiste en la mera distribución de tareas descontextualizadas sino en el diseño de propuestas que consideran las posibilidades que las familias de nuestros estudiantes tienen. Lo anterior implica ‘seguir’ a cada estudiante y mantener un diálogo abierto que sigue más o menos esta ruta: enviar actividad, recibir su resolución, hacer devolución y, si es necesario, solicitar revisión de la misma, volver a analizarla y hacer una nueva devolución. Todo esto sucede dentro de un espacio que propicia algunas prácticas grupales, como una video llamada grupal para hablar en torno a un tópico, audios que vienen y van y que expresan dudas, alegrías y emociones varias, o videos que muestran avances de lo que ocurre en cada hogar. Aunque la comunicación entre docentes y estudiantes ocurre en forma diferida, existe y es potente». 

nota alfabetizacion

Desde nuestra Facultad, nos inscribimos en una perspectiva de defensa de la alfabetización como derecho, como parte inherente y constitutiva de la educación pública y como vía para construir una sociedad más justa e inclusiva. Para que estas ideas no sean solo un declamado y abstracto discurso, la defensa no puede abstenerse de una discusión central sobre a quién designa el «todos» cuando formamos profesores para que «todos» lean y escriban. La defensa implica también una firme posición en contra de los requisitos previos para aprender a leer y escribir que suelen ser moneda corriente en los distintos niveles educativos para dejar afuera o expulsar según el caso, una parte de ese «todos». Implica además, un compromiso con la generación de conocimientos para desarrollar propuestas alfabetizadoras para cada nivel (temprana, inicial, avanzada, académica) y sostener aquellas más viables, accesibles, comprensibles, adecuadas, evaluables y fácilmente redireccionables para un sistema educativo con millones de estudiantes.

Históricamente la escuela primaria ha sido el escenario más visibilizado de la alfabetización. Fernanda Casualde y Alejandra Levrand (equipo directivo de la Escuela Normal primaria) sostienen que «Desde la gestión directiva la centralidad pedagógica en la alfabetización coloca el foco en la enseñanza sistemática y fundamentada epistemológicamente…y en este sentido consideramos fundamental fortalecer el trabajo conjunto y articulado entre el equipo docente, pedagógico y directivo brindando asesoramiento, seguimiento de las propuestas de enseñanza y generando instancias de revisión bibliográfica y consulta de la normativa vigente».

Pero la alfabetización viene siendo reconsiderada más allá de ese escenario. Una reciente egresada del profesorado en Lengua y Literatura de la FHAyCS -Geraldine Romero- dice: «desde hace algunos años vengo pensando en la importancia de visualizar mejor aquellos procesos de aprendizaje y enseñanza, que no comienzan en el secundario. Creo que es muy importante comprender los modos en que los profesores de Nivel inicial y Primaria piensan y llevan a cabo sus propuestas para plantear una mejor alfabetización en los niveles que siguen».

«Nosotras –sostienen estudiantes de posgrado de nuestra Facultad[2]- consideramos que el Nivel Inicial es un espacio oportuno para tomar los saberes previos y significativos, ampliarlos, ponerlos en cuestión e incentivar la curiosidad por la lengua escrita y sus prácticas socioculturales de lectura y escritura. Alfabetizar es enseñar a leer y escribir y además, acompañar el progreso potencial de apropiación que realiza el niño/a ampliando el dominio de la lengua». Y agregan: «creemos que la alfabetización es poder acercarle a otro, la posibilidad, la experiencia de leer el mundo».

Por su parte, Gabriela Olivari[3] comparte una reflexión desde la alfabetización académica: «La palabra alfabetización significa siempre inclusión. Comenzar a estudiar en la universidad implica ingresar a una cultura académica con reglas y géneros discursivos propios. Transversalizar su enseñanza implica romper con las `prácticas institucionales del misterio´ (Lillis, 2001) haciendo explícitas las reglas a los estudiantes».

alfabetizacion

La palabra alfabetización ha asumido en la actualidad numerosos sentidos metafóricos, extendiendo su significado a nuevos objetos y prácticas. Pero en sentido estricto continúa haciendo referencia al aprendizaje de una lengua escrita en el que se desarrollan procesos cognitivos de lectura y escritura, y prácticas socioculturales específicas para cuyo aprendizaje se requiere enseñanza sistemática. Esta enseñanza, institucionalizada en la escuela, es parte del derecho fundamental a la educación, reconocido mundialmente como condición básica para el cumplimiento de otros derechos. La alfabetización no es un privilegio y está profundamente vinculada con la inclusión educativa. Estas concepciones son una invitación a deslindar, a marcar con claridad, precisión y sencillez los límites del territorio alcanzado por este derecho, es decir, qué hay que aprender y acreditar para ser alfabetizado. ¿Por qué es preciso hacer esta demarcación? En principio, porque cuando la alfabetización fracasa no lo hace en los sentidos metafóricos del término. Muy por el contrario, se traduce en medidas singulares y sin polisemia alguna para los estudiantes que no logran aprender a leer y escribir en sentido estricto, es decir, aprender a construir sentido procesando objetos semiótico-lingüísticos como son los enunciados construidos en sistema alfabético, enunciados que requieren un proceso específico de conocimiento para ser comprendidos, sea su soporte papel o pantalla. Esas medidas recaen siempre sobre la población más desfavorecida y terminan en analfabetismo de jóvenes y adultos, sin más metáfora que la del fracaso del sistema educativo.

En segundo lugar, la demarcación es necesaria porque nuestro sistema educativo ha aumentado progresivamente la matrícula incluyendo estudiantes de sectores sociales que habían permanecido fuera de la escuela, frente a los cuales se impone una reflexión urgente sobre las cualidades del conocimiento que estos logran aprender a lo largo de más años de escolaridad obligatoria, aunque tal reflexión no afecta solo a ese sector ya que debemos asumir sin eufemismos, que aspectos básicos de la lectura y la escritura no están garantizados aun para aquellos estudiantes que permanecen aprendiendo en la escuela durante 12 o 14 años.

En resumen, estamos frente a una invitación a reconocer el territorio de la alfabetización como derecho, no para trazar límites cerrados o excluyentes que impidan futuras ampliaciones, sino para evitar el riesgo de perder, confundir o renunciar a lo que le es propio, básico, inalienable... y a trabajar en la construcción de un sentido para el término alfabetización que pueda referenciar de modo contundente de qué se trata enseñar a leer y escribir. Un sentido que permita referenciar en qué consiste, sin ambigüedades y transparentando al máximo su sentido para impulsar y proteger el trabajo institucional de alfabetización, hoy, exigido al máximo.

[1] Ana Zanelli Pons es profesora de Educación Primaria y formadora de docentes.

[2] Ayelén Cargnel, Virginia Colingnon, Carla Cracco, Carla Dominguez Nuria González, Florencia Rothar y Nahir Zevallo son profesoras de Educación Inicial y estudiantes de la Especialización en Educación Inicial de nuestra Facultad.

[3] Gabriela Olivari es profesora adjunta ordinaria de la cátedra Didáctica de la lengua y la literatura III.

 

© 2020 Producción Integral de la Secretaría de Comunicación - Urquiza 732 | 4840286 - Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales

comunicacion@fhaycs.uader.edu.ar