Fundamentación

Programa de Formación Continua. Directora Angelina Uzín Olleros.
La universidad desde sus la orígenes hacia Reforma del 18.
Claves históricas y políticas.


La universidad ha pasado por diferentes etapas signadas por situaciones políticas y emergencia de campos disciplinares nuevos. A comienzos de siglo XX la Reforma Universitaria de 1918 sembró la semilla política de la democratización de los claustros y el acceso a las cátedras por medio de concursos abiertos, entre otros aspectos. En una mezcla de romanticismo y anarquismo, los estudiantes universitarios proclamaron el Manifiesto Liminar sellando el destino universitario bajo una célebre consigna, todavía vigente: “Los temores que nos quedan son las libertades que nos faltan”.

Como acontece con la universidad argentina, la universidad en general ha ocupado diferentes lugares que estuvieron signados por los momentos políticos y las características culturales de cada época. Desde los anhelos por transformar realidades injustas o situaciones de desigualdad social, hasta pensarla como herramienta de control estatal sobre la población estudiantil, la universidad puede ser localizada en una escena social con características disímiles.

 

El filósofo Jacques Derrida afirma:.

“Ni en su forma medieval ni en su forma moderna, ha dispuesto (…) de las condiciones rigurosas de su unidad. Durante más de ocho siglos, ‘universidad’ habrá sido el nombre dado por nuestra sociedad a una especie de cuerpo suplementario que ha querido a la vez emancipar y controlar. Por ambas razones, se supone que la Universidad representa la sociedad”.

Esta representación con dos caras bien definidas y sus oposiciones denotan que no hay consenso con relación a lo que la universidad debe hacer: emancipar a los ciudadanos de cadenas que los condicionan (simbólicas, materiales, históricas), o bien controlar a las personas (disciplinar, tecnificar, neutralizar). Ahora bien, si estamos frente a un momento nuevo en la economía denominado “neoliberalismo”, definirlo y trazar su trayectoria epocal es una de las tareas de la universidad.

Pero además, la definición de un sistema de poder político que acompañe o fundamente ese neoliberalismo es un lugar en el que claramente la universidad puede constituirse con un perfil tendiente a lo emancipatorio. De lo contrario, su rol se reduciría a una definición técnica del concepto, optando así por ser elemento de control ideológico bajo la pretensión de la neutralidad científica.

En el centenario de la Reforma Universitaria del ’18: la consigna hoy queda planteada de este modo: “Las injusticias que nos quedan son los derechos que nos faltan”.

 

Seminario Ricardo Forster

A 100 años de la Reforma de 1918, la reactualización en el campo universitario de los debates para interpelar las estructuras sociales, culturales y políticas de opresión, es un compromiso ético y político como intelectuales críticos. Problematizar las condiciones de posibilidad que habilitaron los procesos de reforma universitaria, sus interpelaciones a la oligarquía de época, sus consignas que excedieron el campo universitario como espacio público y la emergencia de nuevos sujetos políticos; habilitan a repensar las condiciones de posibilidad para interpelar los procesos hegemónicos actuales de la restauración neoconservadora. En este marco, la hegemonía cultural es una clave para entender los procesos de restauración conservadora que experimenta la región en el presente histórico.

Un fantasma recorre la Argentina, el fantasma de la repetición. Su potencia no sólo se sustenta en la continuidad de las estructuras económicas sino, también, en la sutil y brutal estrategia discursiva y mediática que le ha permitido fundar, desde los años de la dictadura genocida, el núcleo último del sentido común. La derecha siempre ha sabido de la importancia del relato y de la construcción de la subjetividad. Su poder se sostiene, más que en la dureza de la dominación económica, en la hegemonía  cultural que nunca ha perdido. Pensar la derecha capilar, hundidas sus raíces en la cotidianidad, implica descubrir algunas de sus manifestaciones, algunos de sus gestos que denuncian su profundo enraizamiento en el imaginario social. Estos gestos se relacionan directamente con la caída libre de aquellos valores articulados alrededor de la cultura, del espíritu crítico, de educación como experiencia insoslayable en la construcción de una comunidad que aspire a modificar sus injusticias más evidentes.

 

Seminario Diego Tatián

El presente seminario tiene por propósito un relevamiento de las ideas acerca de la universidad producidas por la tradición filosófica y los filósofos clásicos de la modernidad, a la vez que se plantea a sí mismo como reflexión acerca del significado de la vida estudiante y el sentido de la Universidad pública actual, a partir de una centralidad de la idea de “situación”. La Universidad como objeto de pensamiento filosófico cuenta con una tradición tan antigua como la Universidad misma, y su reconstrucción permite recobrar ideas para pensar la Universidad actual, y a la vez la relación -muchas veces dramática- entre Universidad y filosofía, Universidad y política; Universidad y trabajo; Universidad y estudio. Como lema organizador se tomará en consideración la antigua distinción entre teoría y praxis (entre el saber y las prácticas; el conocimiento y la intervención social…) y el modo -no exento de conflicto- que esa distinción polémica cobra en la autorreflexión de la Universidad pública concebida como entidad políticamente viva.

El intento de llevar a cabo una pequeña filosofía política de la Universidad pública actual, además de la referencia a los grandes textos filosóficos referidos a las instituciones que producen y reproducen conocimiento (¿qué han escrito los filósofos acerca de la Universidad?), y de un parcial relevamiento de las posiciones adoptadas en el campo filosófico frente a la radicalización política (¿cómo impactaron en la filosofía las revueltas estudiantiles de los años ’60?), se planteará un conjunto de interrogantes que tienen como centro el concepto de “estudio”: ¿Qué es una forma de vida estudiante? ¿Es la vida humana en sí misma una vida estudiante? ¿Es la forma de vida estudiante una forma de vida buena? ¿Qué nos impulsa a estudiar? (Marx en Londres) ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad del estudio? ¿Qué es la práctica libre del estudio? ¿Lo que nos impide estudiar es sólo la carencia o la insuficiencia de las condiciones materiales que deben ser presupuestas para su implementación? Asimismo, se buscará inquirir la relación entre el estudio y su exterioridad: el trabajo, el ocio, la política, el placer y la temporalidad que circundan la forma de vida estudiante y reconocen otros orígenes.

Finalmente, se plantea una lectura crítica de algunos textos de emblemáticos de la cultura reformista latinoamericana para una interpretación de su sentido que permita ponerlos en interlocución creativa con los grandes interrogantes de la Universidad pública en la actualidad.

Seminario Juan Carlos Alby

Las universidades existentes al tiempo de la reforma de 1918 adolecían de vitalidad por problemas estatutarios y por autoridades y docentes que permanecían en sus cargos sin ninguna evaluación de su desempeño ni de su actualización científica. La celebración del centenario de la reforma universitaria exige a la universidad una reflexión sobre sus propios orígenes. En tal sentido, el presente seminario se orienta a presentar la organización de la enseñanza anterior al nacimiento de la universidad y, a partir del mismo, la recepción del saber antiguo en esta novedosa institución surgida en la Edad Media. Desde la Alejandría del siglo IV a.C. hasta la Universidad de Paris del siglo XIII, la erudición helénica atravesó diversos avatares que incluyen, entre otros, su presencia ineludible en el ámbito intelectual del cristianismo, su influencia en el surgimiento de una sabiduría propiamente latina y su posterior entroncamiento en la tradición germánica. Uno de los aspectos más descuidados en el estudio de la Edad Media es el del lugar que esta ocupó en la transmisión del saber antiguo a la Modernidad.

En la élite romana de la época imperial, en su mayoría bilingüe, las traducciones de los textos griegos no resultaban del todo necesarias. Pero tras la crisis dl siglo III que culminó en la separación entre Oriente y Occidente caracterizada por el traslado de la administración a su nueva capital en Constantinopla, se fue acentuando la necesidad de dotar a la lengua latina de traducciones de textos clásicos griegos. A la traducción del Timeo de Platón hecha por Cicerón, se le sumó en el siglo IV una traducción parcial del mismo diálogo (17d-23c) comentada por Calcidio, que constituyó la base del conocimiento que el Medioevo tuvo de Platón y de la filosofía natural hasta las traducciones de Menón y Fedón realizadas por Henricus Aristippus en el siglo XII. Este impulso de las traducciones en el siglo XII, la fundación de las escuelas y posteriormente de las universidades, se inscriben en una tradición intelectual enciclopédica que remite a hombres como Boecio, Casiodoro e Isidoro.

La universidad de Paris se tomará como arquetipo de las corporaciones surgidas en el siglo XIII. La corporación universitaria que pasa por Bolonia, Paris y Oxford, contará con una gran cantidad de estudiantes y profesores y aplicará el método escolástico de la enseñanza que habrá de culminar en las gigantescas sumas de Alberto Magno, Alejandro de Hales, San Buenaventura, Roger Bacon y Tomás de Aquino.

Las ciudades en las que se levantan las universidades adquirirán una potencia que desafía tanto a los poderes eclesiásticos como a los poderes laicos, lo que hacía temible para el poder de turno la autonomía con que estas corporaciones se afirmaban.