«Gurisas que Investigan»: Mujeres en la Universidad, Mujeres en la Historia

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«Los hombres son individuos, personas, tienen apellidos que pueden transmitir. Algunos son "grandes": "grandes hombres". Las mujeres no tienen apellido: sólo nombre de pila. Aparecen confusamente, en la penumbra de grupos oscuros. "Las mujeres y los niños", "primero", o al costado, o afuera, según el caso» (Michelle Perrot).

De acuerdo con el último informe del Programa Nacional para la Igualdad de Géneros en Ciencia, Tecnología e Innovación «(…) en Argentina, la mayoría de quienes investigan son mujeres: 6 de cada 10 personas» (marzo 2023). A pesar de ello se observan diferencias de género a favor de los investigadores varones a medida que se analiza el acceso a posiciones jerárquicas, en categorías, cargos y en la producción científica. En el marco de la Agenda M -Mujer, Memoria y Malvinas- de la Universidad Autónoma de Entre Ríos conversamos con un grupo de docentes e investigadoras de la Sede Uruguay de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales acerca de los desafíos y apuestas para promover espacios que contribuyan a construir un conocimiento despatriarcalizado y decolonial. Compartimos aquí algunas de las reflexiones más importantes que surgen de los resultados de sus investigaciones en torno a las figuras femeninas en la historia de la costa del Uruguay.

 

¿Qué presencia tienen las mujeres en las aulas universitarias?

Mariela Satto: Es importante la visibilización institucional que las identidades femeninas han adquirido en los últimos años. Es parte de un proceso de transformación que viene gestándose desde la instauración de la Universidad Autónoma de Entre Ríos en el territorio. La inclusión en los planes de estudios de materias referidas al pasado histórico americano, nacional y local es un puntapié para instalar la pregunta por las y los ausentes de la historia oficial. Sin embargo, si leemos rápidamente la bibliografía al final de los proyectos de cátedra, seguramente el porcentaje de autoras mujeres sea mucho menor al de los varones. La conformación de nuestro equipo, mujeres docentes y estudiantes, con diversos intereses disciplinares pretende movilizar las estructuras aun anquilosadas en la “academia”.

Aixa Mega: El acceso de las mujeres a la educación formal se tomó su tiempo. Más aún, la exclusión de las mujeres del espacio público implicó, entre otras cosas, que el relato de la historia no las incluyera en sus páginas. Un claro ejemplo de esto es la nómina de las primeras familias pobladoras de la ciudad de Concepción del Uruguay, partido de Arroyo la China en 1781. El alcalde Julián Colman informa que solamente se declara a vecinos con casa y medios propios de vida, excluyendo no solo a un gran número de personas que habitaban la zona, sino a las identidades femeninas. La lista nombra, entonces, solo al varón e indica en segundo plano la presencia de mujer o hijos. Por ejemplo, «Ventura Castillo, su mujer, un hijo // Juan Bautista Ríos, su mujer, 5 hijos». Sabemos quiénes fueron los primeros habitantes de nuestra ciudad pero no conocemos quiénes fueron las primeras pobladoras. Sus nombres no interesaban. Por supuesto, esto ha ido cambiando y figuras de la talla de Teresa Ratto o Dolores Costa imprimieron su huella en nuestra historia. Y entonces no podemos dejar de preguntamos ¿qué sucede con las mujeres racializadas? ¿quiénes son, cómo fueron representadas?

             

Las «mujeres al margen» constituyen un núcleo fundamental en sus investigaciones ¿cómo recuperarlas?

Paula Aguilar: La presencia de personas racializadas en las fuentes (registros parroquiales, censos) dan cuenta de una población sumamente diversa en los inicios de la ciudad. A pesar de la omisión de esta diversidad cultural en la imagen cristalizada de las colonias de inmigrantes europeos en tiempos de Justo José de Urquiza, las comunidades que protagonizan los inicios de las villas y luego ciudades también son originarias de las misiones, de origen minuano, chaná, guaraní, charrúa, africano o afrodescendiente. Entonces al buscar las huellas de estas mujeres nos enfrentamos a una doble invisibilización: primero en tanto mujeres, luego en tanto “negras, pardas, morenas”, “indias” o “chinas”. Despojadas de identidad, son mujeres con nombres y apellidos ajenos, cristianos, castellanizados, que explicitan apropiación y esclavización. Melchora Mesa, Francisca Santana, Ana María Paracasú, entre otras: recuperar sus figuras nos permitió reconstruir recorridos vitales y, así, inferir diversos roles en la sociedad, los vínculos con familias locales, con las personas esclavizadas y, sobre todo, dar cuenta de los posibles lazos solidarios y comunitarios que la población racializada sostuvo en los inicios de las villas y ciudades, a finales del siglo XVIII y durante el XIX en adelante. Muchas actúan como madrinas de numerosos bautismos de niños y niñas que el párroco anota como “indio”, “negro hijo de la esclava de”; mujeres que son testigos de uniones entre esclavizados, entre “indios”, “pardos”, o “negros” tal como se clasificaba social y jurídicamente a las personas según la lógica pigmentocrática. 

Aixa Mega: Las mujeres racializadas se incorporaron a la vida urbana y generaron estrategias de reproducción social y económica en tiempos adversos. La figura de las “chinas” nos resultó sumamente interesante. En los registros de Matrimonios de 1827 se consagró la unión de Mercedes López (“China natural de Corrientes, Hija Natural de Ma. López, fueron testigos Mariano y Norberta Calvento”, Libro II Matr.fs, 211) Si tenemos en cuenta que Mercedes López se casó con un “liberto” puede haber sido mujer originaria y/o esclavizada, parda o morena. Además, teniendo en cuenta quiénes fueron sus padrinos habría podido ser hija “natural entenada” de la familia López Jordán. Recordemos que Norberta Calvento fue la prometida del general Francisco Ramírez. Mercedes López, mujer migrante, desarraigada de su lugar de nacimiento y vuelta a introducir en la vida local como mujer casada con un liberto. Es interesante notar que, aunque tenía apellido propio y su matrimonio fue bendecido por la Iglesia, su situación de mujer casada, no borraba la “mancha de su “nacimiento”. Era una mujer desvalorizada por las circunstancias del mismo y quizá por haberse casado con un liberto, por eso en el acta matrimonial se mantuvo el estigma que representaba el vocablo “china” de Corrientes para expresar la diferencia social respecto a quienes la apadrinaron. Las chinas fueron mujeres que habrían tenido ascendencia nativa charrúa o minuana, también encontramos con esta denominación a mujeres y niñas migrantes de Corrientes y que fueron mujeres de servicio y se les adjudicó el apellido de las familias a las que sirvieron. Por otro lado, las chinas sin apellido propio habrían llevado el nombre de María y con este nombre las encontramos defendiendo la Villa de Concepción del Uruguay y de Paysandú cuando las invasiones Luso – hispanas en los años 1810 – 1811 y durante las luchas del siglo XIX.

Paula Aguilar: Los lazos entre las poblaciones racializadas se evidencian en los registros tanto en épocas cuando la esclavitud era legal como en los años posteriores a la libertad de vientres y la abolición. Cambia la condición jurídico social de los individuos, se pasa de ser esclavos/as, o libertos/as a sirviente, criado/a y -ya desde la década del 1840- se registran en los censos los oficios y ocupaciones de africanos/as y afrodescendientes libres. El varón será militar, carnicero, hortelano, jornalero, sembrador, herrero, techador, cortador de maderas y la mujer oficiará de cocinera, lavandera, costurera, panadera, sembradora, entre otros.  Estos datos nos muestran una ciudad diversa, en donde las comunidades racializadas se integraron históricamente a una sociedad que, aún hoy, continúa privilegiando un origen basado en la inmigración suiza, alemana o francesa.

 

¿Qué herramientas aporta el conocimiento de las lenguas para recuperar estas comunidades?

Alicia Avellana: En principio, es importante reconocer que, en el caso de poblaciones originarias, su presencia está indicada explícitamente en las fuentes parroquiales que asentaban a muchos habitantes que habían perdido ya su nombre originario y eran inscriptos con un apellido español (normalmente el del padrino). Entonces, es frecuente encontrar registros de “indios” con apellidos como Flores o Vallejos. También puede visibilizarse la presencia originaria a partir de distintas alusiones a que aún conservaban su lengua, como las que aparecen en las actas de matrimonios: “casados en el idioma tape”; “casados en guaraní”. Sin embargo, aun si no aparecen explícitamente como “indios”, es posible recuperar la presencia originaria desde el análisis de los apellidos presentes en las fuentes. Así, de una mirada rápida a las actas pueden reconocerse apellidos frecuentes de origen guaraní, como Nicolás Piriberá, Alberto Arasayé, Ma.Ignacia Aguará, Ma. Juana Yasi, Juliana Tabacanbuí, Ramona Arareté, Ma. Petrona Ybaty, entre muchos otros. Los habitantes nativos habían adoptado ya la pauta occidental de colocar sus nombres originarios como apellidos y el hecho de que los hijos heredaran el apellido del padre. Entre estos, aparece una inmensa cantidad de apellidos guaraníes que contienen el elemento cuña- (en guaraní, kuña-), que en guaraní significa “mujer”. Estos aparecen siempre aplicados a mujeres, como: María Cuñambuy, María Cuñaramó, María Cuñaburu, Ma. Rosa Cuñatih, María Ignacia Cuñayú, Ma. Magdalena Cuñaera, María Rosa Cunambatú, Ma.Rosa Cuñaminí, Rosa Cuñagatu. Otros apellidos poseen una estructura que no es propia del guaraní (ni del castellano), lo que nos lleva a preguntarnos por la posible presencia charrúa o minuana entre estos apellidos originarios, presencia que, por otra parte, aparece consignada en algunas fuentes, como el caso de Juana Garay o Ana Ma. González, señaladas como pertenecientes a la “Nación Minuana”. Si tenemos en cuenta el porcentaje increíblemente significativo de apellidos originarios, es posible visibilizar la importante presencia originaria (guaraní, charrúa y minuana) en la ciudad que, en las actas de matrimonio por ejemplo, alcanza un tercio de los registros.

Los archivos pueden indicarnos los silencios y vacíos del presente. ¿Qué dicen los espacios locales sobre las identidades femeninas?

Ivana Montañana: Los lugares no solo se construyen cuando se levantan viviendas, edificios o se cultivan tierras. También al hablar de ellos, al nombrarlos. La toponimia del casco urbano, es decir, los nombres de los lugares que conocemos de nuestra ciudad, son nombramientos -en gran parte- relacionados con personajes masculinos del siglo XIX y XX, destacados por su labor política, militar a escala nacional y provincial (Urquiza, Galarza, Díaz Vélez, Balbín, entre otros). También hay nombramientos relacionados con fechas y acontecimientos bélicos/políticos, como 9 de julio, 21 de noviembre, 3 de febrero; todos ellos localizados en el área más representativa de la ciudad. En cuanto a nombres de mujeres, del total relevado observamos que constituyen menos del 10%; particularmente en calles que están fuera del casco céntrico, vinculados a la expansión urbana hacia el oeste y el norte. Para finales del siglo XX, mujeres relacionadas a figuras relevantes de la política y alta sociedad como Clementina Comte de Alió, Ana Urquiza de Victorica, Eva Duarte de Perón, Dra. Teresa, Celia Torrá eran las elegidas para nominar las calles uruguayenses. Desde 2010, comienzan a nombrarse las nuevas calles (muchas de ellas “trazadas” hace tiempo, pero que reciben nombre por primera vez) en base a mujeres destacadas en distintas áreas, como Dra Silvia Liliana Castro de Paolazzi, Dra. Cecilia Grierson, Paloma, Alicia Moreau de Justo, Diana Almada, María Esther de Miguel, Lorenza Mallea, María Angélica Miró, Rosa Alul de Eguillor, María Elena Walsh, Dina Nardone, Azucena Villaflor, Ana Teresa Fabani, María Esther de Miguel.  Son poetas, escritoras, docentes, revolucionarias, reconocidas por sus ideales, en consonancia con procesos complejos de nuestra historia, muchas de ellas contemporáneas. También se nombraron calles, relacionadas con la religión católica, tal como Eufrasia Iaconis o Madre Teresa de Calcuta. A partir de los nombramientos “nuevos”, vemos que fueron impulsados -en gran parte- por mujeres concejalas, vecinas, profesionales y es notable -en casi todos- el uso de los apellidos de sus esposos, en vez de -únicamente- los propios, así por ejemplo: Alicia Moreau de Justo, Silvia Castro de Paolazzi, Ana Urquiza de Victorica, Clementina Comte de Alió o como la conocida calle céntrica “Eva Perón”.

Carolina Pascal: Encontramos una correspondencia entre la invisibilización femenina, los vacíos historiográficos y la toponimia de las calles de nuestra ciudad. De 450 calles relevadas, solo 40 tienen nombres de mujeres y de ellas, solo 2 están relacionadas con las mujeres afro, mestizas y nativas  que estudiamos en el equipo de investigación, lo que evidencia la marcada ausencia de toponimia relacionada con mujeres de orígenes nativos, mestizos y afros, en el nombramiento de calles, edificios públicos, paseos y monumentos.  En 2012, la calle 28 del oeste norte recibe el nombre de Juana Azurduy, quien participó como Teniente Coronel en las campañas independistas del Alto Perú. En el año 2021 se nombra la calle Irene Jurado-Afroentrerriana,  reconocida por su labor social y comunitaria en nuestra ciudad a mediados del siglo XIX. Evidentemente este trabajo nos motiva a repensar la ciudad de Concepción del Uruguay a partir de sus formas espaciales y lo que ellas simbolizan. Estamos ante un cambio de paradigma, del cual quienes trabajamos en las universidades públicas debemos formar parte activa.

«Gurisas que investigan»

Las Gurisas que investigan son un grupo interdisciplinario de mujeres que enseñan, aprenden, investigan y divulgan desde la universidad pública. A través de la articulación de diferentes disciplinas -como historia, lengua, literatura y geografía- sostienen como uno de sus principios el derecho al acceso y producción de saberes de forma diversa y horizontal. El equipo está conformado por docentes y estudiantes, las Gurisas que investigan son: Paula Aguilar, Alicia Avellana, Silvia Castillo, Luisina Cerrudo, Ileana Delsart, Andrea Echeverría, Ana Elisa García, Micaela Gómez Giuliana Impini, Silvina Inchauspe, Maira Noel Martinez Pascal, Aixa Mega, Ivana Montañana, Carolina Pascal, Camila Ramos, Martina Salvi, Mariela Satto

Fuente: Coordinación de Comunicación Institucional – Sede Uruguay FHAyCS UADER

 

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