Marta Zamero: «La alfabetización no es un proceso `del maestro´, la alfabetización es un proceso institucional»

En el marco de las actividades de Extensión Universitaria las cátedras de Didáctica de la lengua y la literatura I, II y III de la FHAyCS vienen organizando, desde el 2014, encuentros temáticos denominados «Enseñar lengua y literatura en la escuela primaria, en articulación con la escuela secundaria». La directora de dicho proyecto es la Mgs. Marta Zamero, con quien dialogó Comunicación Institucional para compartir puntos de vista acerca de la alfabetización en nuestras escuelas.

marta zameroC.I. -¿Cómo resultó la experiencia de los encuentros temáticos en el 2014?

M.Z. –Muy bien. En la propuesta hemos trabajado con dos modalidades diferentes, convocamos a una inscripción para todo el curso con 6 encuentros a lo largo del año, pero también hicimos posible una inscripción por encuentro para aquellos interesados en algún tema en particular. Y así se certificaba el curso completo con evaluación final o la asistencia a uno de los encuentros. Ese fue un formato muy interesante porque permitió que un total de 612 docentes, que trabajan en distintos niveles educativos, pudieran asistir al curso y al mismo tiempo tuvimos un grupo aproximado de 100 docentes que se mantuvieron durante todo el ciclo. Esto quiere decir que si hubiéramos tomado solamente la modalidad del ciclo, hubiéramos trabajado con 100 docentes. En cambio, hubo 500 más en distintos encuentros donde se focalizan diferentes problemas que este docente tiene.

La Secretaría de Extensión ha propuesto que aquellos cursos que tienen la posibilidad de prolongar sus acciones durante el 2015, lo sigan haciendo. Esto nos ha permitido programar que las evaluaciones escritas y aprobadas, presentadas por casi 100 docentes puedan ser expuestas y compartidas en nuevos encuentros temáticos, durante este año. Los integrantes del equipo de Lengua nos haremos cargo de comentarios de los trabajos (hay docentes que los hicieron para el nivel inicial, otros para el primer y segundo ciclo de primaria, otros para secundaria y adultos). Cada uno de esos grupos va a tener su devolución y comentarios, intercambios de opiniones, todo este abordaje en un marco teórico.

C.I. -¿Cómo surgen los contenidos de los encuentros?

M.Z. -Se llaman encuentros temáticos porque los temas son propuestos por los docentes. Los temas que se van proponiendo tienen que ver con cuestiones permanentes como por ejemplo cómo se enseña a leer y a escribir. Esta es una pregunta que todos los años tiene avances y aparece bibliografía para profundizar; o bien con resoluciones que afectan el escenario de la enseñanza o problemas puntuales. Nosotros vamos viendo cuando hay preguntas, consultas o problemas de interés pero no solo proponen los docentes, a veces los temas son propuestos por nosotros.

Para este año tenemos dos temas, que agendamos el año pasado, y que son una profundización en didáctica de la literatura y también en el aprendizaje de la ortografía, que es una preocupación importante.

En cuanto a las normativas, por ejemplo, hay una que modifica el panorama de la enseñanza de la lengua que es la resolución 174/12 o la 1550/13, que plantea una unidad pedagógica entre el primero y segundo grado, protegiendo así la continuidad de los aprendizajes en el proceso de alfabetización y por lo tanto el cuidado de sus trayectorias escolares.

La escuela, en general, plantea la repitencia para aquellos niños que no han aprendido a leer en primer grado. Se plantea el corte del proceso para que se vuelva a repetir una parte del mismo. Eso trae un conjunto de problemas muy grandes para el sistema, pero especialmente para los chicos, porque se corta un proceso que se debería cortar. Proceso significa continuidad y el ciclo propone tres años.

Esas resoluciones cambian el escenario de la alfabetización, producen muchas discusiones, la misma discusión que se produce en la base de la escuela secundaria, donde los chicos repiten enormemente el primer y segundo año. Lamentablemente muchos opinan que si no se hace repetir al alumno se baja el nivel. Debemos reflexionar mucho todavía entre las diferencias entre seleccionar y educar. Esto no es preocupante cuando lo sostiene la población común, que cree que la repitencia es un modo de aprender, lo que sí debe preocuparnos es cuando estos argumentos están en quienes deben educar, porque son falsos.

La alfabetización es un proceso que no debe cortarse, sino que debe protegerse la continuidad.

C.I. -¿Cuáles son las dificultades que con más frecuencia manifiestan los docentes?

M.Z. – La lectura que hacemos desde la Facultad nos indica que uno de los problemas siempre presente es la falta de acuerdo institucional para alfabetizar. Hay muchos docentes que saben enseñar muy bien pero luego evalúan desde cualquier perspectiva, otros que tienen una buena didáctica pero no pueden implementarla y otros muchos que la implementan durante un año pero después no se continúa…

La alfabetización no es un proceso de maestros aislados, la alfabetización es un proceso institucional, aunque haga mucho, el maestro solo no alcanza. Es necesario tener una institución en la que se decida una metodología que se sostenga con coherencia durante por lo menos el ciclo y que luego se continúe en el otro ciclo con por lo menos una propuesta compatible. Felizmente, el año pasado tuvimos, como consecuencia de los concursos que se realizaron, una presencia de equipos directivos planteándose cómo llevar adelante procesos institucionales de alfabetización, esto es muy relevante para el sistema. Durante muchos años no hemos tenido equipos directivos y en 2014 ha sido muy destacada esta presencia.

C.I. -¿Qué debería contemplar un buen proyecto de alfabetización?

M.Z. -Un buen proyecto institucional de alfabetización lo primero que debe hacer es respetar las normativas vigentes. Esto significa, por ejemplo, decidir una metodología coherente, o un grupo de propuestas metodológicas desde el nivel inicial y hasta sexto grado. Cuando hablo de normativas me refiero a encuadres curriculares que son acuerdos en el marco del Consejo Federal de Educación, como los núcleos de aprendizajes prioritarios, los diseños curriculares que cada jurisdicción tiene, las orientaciones didácticas que emanan desde los diversos niveles nacionales y provinciales. Eso es lo primero.

Y se traduciría, por ejemplo, en que las escuelas en los primeros grados no estén perdiendo el tiempo con tareas de aprestamiento, que son los fragmentos de una propuesta del siglo pasado y que hoy no está recomendado en ningún documento. En esas actividades se pierde un tiempo valiosísimo. Es importante que la escuela inscriba sus prácticas enseñantes en el marco normativo. De ser así, tampoco tendríamos letras o sílabas como unidades para iniciar la lectura. El nivel inicial en ese sentido está más avanzado porque propone a los chicos escribir su nombre desde el primer día, copiar algunas palabras, dictarle textos al maestro...

Un buen proyecto de alfabetización debe tener equipos docentes que hayan acordado y sepan, conozcan explícitamente qué metodología están implementando. La didáctica de la alfabetización es muy rica en estas propuestas. Si bien nosotros impulsamos metodologías basadas en el texto, nada impide que se implementen otras basadas en la frase o en la palabra (para primer ciclo) y en el fragmento para el segundo ciclo. Lo importante es que sea una propuesta definida que comience y siga de modo previsible y no unas actividades sin rumbo e incompletas. De ese modo evitaríamos que se les diga a los padres que están trabajando con enfoques “nuevos” cuando en realidad no se está trabajando con ningún enfoque. Si no se sabe estrictamente con qué metodología se trabaja, no es posible revisar los aprendizajes que se producen ni redireccionar el proceso de enseñanza.

C.I. -¿Cómo se evalúa en alfabetización?

M.Z. -La evaluación es hoy el gran problema. La evaluación de lo que un chico aprendió debe ser la evaluación de lo que logró aprender con un determinado modo de enseñanza. Pero estamos acostumbrados lamentablemente a evaluar solo al alumno. En educación secundaria es todavía peor que en primaria. Esa visión deficitaria acerca de los estudiantes es una posición a la que nos hemos mal acostumbrado y que debería equilibrarse con una fuerte evaluación acerca de cuál ha sido la propuesta de enseñanza con la cual se espera que el chico haya aprendido. La deficiencia que los adultos queremos mostrar en los jóvenes está ligada a esa idea de que los jóvenes no saben, no pueden, no aprenden, es la idea de una juventud aletargada que no puede aprender nada y eso no es neutral, esto posiciona un modo arbitrario de ver estas nuevas generaciones que son las que nos van a continuar en todo lo que estamos haciendo.

Evaluar en alfabetización no es difícil, cuando uno tiene muy claro lo que ha enseñado y el modo en que se ha hecho. Por ejemplo, si se enseña cuidando la escritura, la copia, involucrando al chico en la revisión guiada por el maestro o profesor, borrando y poniendo otra letra, para que el alumno vaya asumiendo esa responsabilidad y experimente la alegría de equivocarse cada vez menos. Si sostenemos esa concepción y ese compromiso de todos los docentes a lo largo de la escuela, hay un momento en que tendremos chicos preocupados por su modo de escribir, y entonces iremos evaluando cómo van escribiendo cada vez mejor determinadas palabras simples de uso común, luego palabras más complejas, después otras de uso específico en el mundo de las ciencias... Ahora, si no estamos comprometidos con una línea de enseñanza, todos los años vamos a evaluar cosas diferentes y ese es un gran problema porque aparece una evaluación diagnóstica que es errática, igual que sus conclusiones, que no sirve de base ni recupera ninguna continuidad.

C.I. -Si tuviéramos que evaluar a los chicos como resultado de este proceso de alfabetización, se podría decir que estamos mejorando o deberíamos preocuparnos?

M.Z. -En general esas evaluaciones y comparaciones, que suelen ser titulares en los medios de comunicación, no son muy indicativas porque en algunos casos comparan cuestiones que no pueden compararse. Argentina acaba de incluir en la escuela secundaria una población a la que todavía hay que enseñarle qué cosa es la escuela secundaria. En su gran mayoría la población que está ingresando al secundario es hija de padres que no han hecho la escuela secundaria y en algunos casos no han terminado la primaria. Entonces cuando comparamos otros sistemas con el nuestro…una cosa es comparar todos los chicos que a los 14 años están en la escuela y otra cosa es comparar los seleccionados de 14 años que quedaron en el sistema. La escuela tiene una función indelegable de alfabetizar a todos. Pero también si comparamos con Finlandia como se ha puesto de moda en los últimos tiempos, la educación secundaria obligatoria lleva décadas de desarrollo.

Independientemente de los tiempos, en Argentina tenemos un problema serio en la enseñanza de la lectura y de la escritura porque se ha destruido la idea de que se requieren metodologías precisas para hacerlo, pero cuanto más vulnerable es la población a alfabetizar, más precisa debe ser la propuesta. Si no logramos conceptualizar que la alfabetización, fuera de toda metáfora, es el dominio de la lengua escrita (tanto en soporte analógico como digital), estamos confundiéndonos mal. Y en este sentido existen confusiones peligrosas por las consecuencias que producen, por ejemplo confundir las lenguas con los lenguajes y pensar que las primeras van a ser simples de enseñar, simples como los lenguajes para una especie semiótica como la nuestra. Tenemos la obligación de conocer a fondo las metodologías para la enseñanza de la lengua; porque este conocimiento es imprescindible para la formación del ciudadano.

 

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